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martes, 31 de octubre de 2006
Publicado por Tiniebla @ 19:31 | Cofradías Jerez
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Te fuiste, Señora mía, como cuando baja la marea, casi sin darnos cuenta. Te fuiste, Señora mía, entre un mar de lágrimas como el propio mes de abril. Fíjate, Señora mía, si tu marcha es difícil de asimilar, que hasta al entrar en tu capilla nuestros corazones parecían que dejaban de latir por unos instantes.

Tu despedida, Señora mía, aunque amarga (toda lógica cuando se te va una madre y más si se va a operar), por encima de todo esta será siempre inolvidable, y es que, Señora mía, aunque se diga lo que se diga eres Reina, eres Faraona, eres Emperatriz, la que quita el sentío, eres la causa de nuestra alegría, el consuelo de los que sufren, el valle de nuestras lágrimas, eres la estrella de la mañana, eres la salud de los enfermos, eres el auxilio de tu pueblo, eres toda misericordia, lo eres todo.

Se me quedan aún en las retinas todos y cada uno de nuestros semblantes, cuando cada vez que se preguntaba a algún miembro de la comisión cómo estaba nuestra Madre, que hasta que cada vez que te comentaban cómo iba su recuperación, parecía que sus palabras eran las tuyas propias, preocupada Tú de la inquietud que teníamos cada uno de los hermanos, devotos y en general todo Jerez.

Cuántas oraciones, Señora, en esa calle del Sol, cuánta gente, hermana o no, devota, de personas que ni tan siquiera entran en la Iglesia, pero que te tienen, Esperanza, en su corazón... Y es que, Señora mía, eres la Esperanza, pero no sólo de este barrio que te quiere, sino de Jerez. Han sido en estos meses cuando veo toda y tanta gente te quiere, que te quieren de verdad, ya vi el afecto en la procesión del encuentro pero en este período impresionaba ver la ventana llena de fotografías, de promesas, de flores.

Espero, Señora, que con tu llegada podamos estar confortados por tu manto, ser más humanos, que ayudemos al que nos necesite, que no cuestionemos el honor o la honradez del prójimo, que no nos sirvamos de nadie sino que sirvamos a los demás, que podamos ser más vehementes, ser humildes y que nunca perdamos la esperanza en ser por lo menos algo mejor de lo que somos ahora.

Regresas ya, Esperanza, más hermosa si cabe, toda Inmaculada, regresas ya, Señora, como una vecina más, porque aquí, Señora, se te ve y se te habla de tan humanas maneras que con el pueblo llano tanto calas.

Cuánto de menos se te a echado, Madre mía, y al fin podemos disfrutar de tan excelsa figura.

Señora mía, Madre mía, la que huele a hierbabuena, la que nos embelesa, la que nos guía, en definitiva nuestra Esperanza, la que aunque se nos fue por unos meses nos ha tenido y tiene siempre presentes.

¡Viva la Esperanza de la Yedra!

Jesús Montaño Jarquín (jerez)
Cartas al Director
Fuente: Diario de Jerez

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