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domingo, 31 de diciembre de 2006
Publicado por Tiniebla @ 9:00 | Iglesia
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Era el primer día del año civil de 1968 cuando el Papa Pablo VI instituía la Jornada Mundial de la Paz, para celebrar al principio de cada nuevo año. Su objetivo es concienciar cada vez más a la comunidad cristiana, a las naciones y a los ciudadanos de que es necesario educar a la sociedad para que ame la paz, la construya y la defienda. Su finalidad es que entre todos, creyentes y no creyentes, sepamos dar a la historia del mundo un desarrollo ordenado, justo y próspero, que contribuya a la felicidad de los pueblos y de las personas. Con el magisterio impartido durante estas Jornadas, la Iglesia Católica ha contribuido enormemente a la cultura de la paz. Este año el mensaje de Benedicto XVI para este día tiene como lema: La persona humana, corazón de la paz.
En nuestros días, la palabra paz está muy manoseada y repleta de ideología. Por una parte se oculta la dimensión personal de toda convivencia pacífica. Es más, parece que la paz es sólo fruto de voluntades políticas de los que ostentan el poder, que la conceden benévolamente a los ciudadanos. Por la otra está el falso pacifismo, que debilita en los espíritus el sentido de la justicia, del deber y del sacrificio, convirtiendo a la paz en una bandera partidista más que en una tarea a realizar en verdad, justicia, libertad y amor. Frente a esta distorsión de la percepción del bien inestimable de la paz, el Papa quiere hacer llegar a los gobernantes y a los responsables de las naciones que sólo “respetando a la persona se promueve la paz”. Objeto especial de respeto son los niños, cuyo futuro puede estar comprometido “por la explotación y la maldad de adultos sin escrúpulos”. La paz del futuro tiene hoy rostro de infantes.
Redescubrir la característica personal de la paz pasa por la consideración hacia la “gramática” escrita en el corazón del hombre por su Creador. Por eso mismo la paz es, ante todo, un don de Dios, que hay que invocar, implorar y pedir constantemente, porque únicamente Él puede cambiar el duro corazón de piedra de los enemigos de la paz. Además, es una tarea que exige a cada uno su respuesta personal, coherente con Dios y los demás. Estas coordenadas básicas no sólo son aplicables a los conflictos internacionales, sino también a los pequeños problemas cotidianos familiares y sociales que, cuando se enquistan, van crispando y conducen al abismo de los enfrentamientos violentos. Detrás de muchos de estos conflictos están los que se aprovechan de ellos para sus intereses políticos y económicos, despreciando el derecho a la vida, a la libertad religiosa, y los derechos más elementales de las personas y de los pueblos.
Van contra la cultura de la paz los que fomentan, la guerra, el terrorismo, la violencia familiar, el aborto, la eutanasia y la experimentación sobre los embriones. También van los que mantienen las desigualdades en el acceso a los bienes esenciales y persisten en la desigualdad de la mujer. Asimismo combaten la paz los regímenes que imponen religión única o aquellos otros que, en nombre del laicismo, niegan la dimensión social y pública de la fe. Unos y otros alimentan una animadversión sistemática a las creencias religiosas, patrimonio espiritual de muchos. En fin, pisotean la paz tantos otros que promueven concepciones antropológicas que conllevan el germen de la violencia, o niegan la existencia de una naturaleza humana específica; así dejan indefensa a la persona misma y, en consecuencia, la hacen presa fácil de la opresión de regímenes dictatoriales. Por eso, no sólo hay que buscar la “paz social”, sino sobre todo la “paz de la verdad del hombre” porque, sin ésta, aquella otra es muy frágil y fácilmente manipulable por los poderes.
¡ Feliz 2007; que Dios os conceda la paz del corazón!.

Juan del Río Martín
Obispado de Asidonia - Jerez

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