La estela dejada por el acto piadoso que se dan los cofrades para congregarse antes de ser repartidos, a lo largo de toda la Cuaresma, por las diferentes citas que personalizan, en cada cofradía, el culto y la oración discurrió evidenciando los signos de una mejora que se preveía. El Vía-crucis de las Hermandades ofreció su mejor cara cuando este año se pusieron en marcha, anoche, elementos como la repetición de una imagen, el titular de la Hermandad de las Cinco Llagas, que es una garantía de tirón entre los fieles u otros como la reunión de la totalidad de las catorce estaciones a meditar bajo el techo de un mismo templo, la Santa Iglesia Catedral.
Con mucho público pendiente y una menor dispersión de la atención en los momentos claves de su desarrollo, el vía-crucis presidido por Nuestro Padre Jesús de la Vía-crucis, precisamente, brindó estampas incomparables en sus respectivos traslados de ida y regreso desde su sede canónica de la iglesia conventual de San Francisco. Sobrio en su estampa, el Nazareno de Esteve lució ese tono en su túnica y en su cruz. Acudía sobre andas de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias e iluminado por los faroles dorados del paso en el que recorre las calles de Jerez en la madrugada de cada Viernes Santo.
Le dieron su impronta la Coral de San Pedro Nolasco con sus cánticos, la oración inicial de Juan Jacinto del Castillo, asistente eclesiástico del Consejo, las voces en cada estación de Manuel Muñoz Natera, Joaquín Perea, Andrés Cañadas, Fernando Fernández–Gao, Francisco Barra, Fray Celestino Pinilla, José Antonio Valenzuela, Francisco Rivelott, Ana María Salas, Carolina Pérez–Luna, Juan de los Ríos, Francisco Garrido, la hermana dominica, Repetto… y la meditación de monseñor Juan del Río, el obispo diocesano.
Fuente:
Información de Jerez