La emigración gitana viene a Europa, a partir del año mil, desde el noroeste de la India, del Punjab, seguramente motivada por las guerras y la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida. Es lo mismo que en la época de la emigración española a América, posteriormente a otros países europeos y ahora de los africanos y latinos hacía nuestras tierras.
Hasta su llegada a España, pasaron y se asentaron en muchos sitios europeos y del medio oriente, acogiendo costumbres, creencias religiosas y aportando su trabajo como herreros, talabarteros, peladores de jamelgos, matarifes, adivinadores, y fundamentalmente, aún hoy, su adaptación y facilidad para la música y la danza.
El 22 de noviembre de 1462 llegan los gitanos a Jaén y afirmaron estar en peregrinación, condición impuesta por el Papa de Roma, por su conversión al islamismo y su posterior perdón y vuelta a la fe católica.
Según investiga François de Vaux de Foletier en todos los países en donde se asentaron elaboraron músicas muy aceptadas por la población. Según este historiador, en Jerez se reconoció por su nombre a un cantaor de etnia gitana, Tio Luis el de la Juliana , o de la Giliana, como dice D. Juan de la Plata, y en 1780 aparece Tio Perico Cantoral, inscrito como cantaor de profesión.
En el barrio jerezano de La Albarizuela, parece ser que en el 1752 existía una calle denominada "Gitanos", como en Triana. Es en la Albarizuela , en donde se ubicaba el antiguo matadero y donde trabajaban matarifes gitanos. Es extra-muros de la ciudad, como los asentamientos de La Plazuela o de Santiago. Siempre fuera de los muros protectores de la ciudad.
Desde el Punjab hasta Jerez, y ya convertidos al catolicismo, por voluntad, o por fuerza de las pragmáticas que desde los Reyes ¿Católicos? se dictaron contra los gitanos.
A través de un decreto, pragmática, se prohibió a los gitanos ejercer diversas profesiones, como herreros, matarifes, peladores de animales y parece natural que fuera la campiña jerezana la que ofreciera trabajo a todos los emigrantes. Los gitanos trabajaron en los cortijos, y los gitanos que llegaban a ser manigeros, capataz de cuadrillas de obreros del campo, llevaban su cuadrilla a los cortijos de las carreteras de Sanlúcar, Trebujena, los de Santiago; y las cuadrillas de La Plazuela, por los cortijos de las carreteras de Medina o de los Puertos.
La gañanía fue uno de los alojamientos en donde los gitanos cantaban en momentos de descanso, y allí dormían, amaban, soñaban, trabajaban y descubrían las posibilidades de alimentación a base de vegetación y animales del campo. En los barrios, cuarto y alcoba alquilados, alrededor de un patio, convivían con otros obreros pobres, y es otro lugar donde se canta y se transmiten los conocimientos.
El asentamiento en los barrios de Santiago, La Plazuela y antiguamente La Albarizuela, hace que los gitanos se acerquen a las imágenes a las que se daba culto, y seguramente a recoger alguna limosna de los asistentes a los cultos eclesiales.
Los gitanos de Santiago tenían especial devoción a la Virgen de La Piedad, al final de la calle de la Sangre y allí rezaban llegados desde la gañanía, y en Semana Santa para vestirse con sus zapatos de charol y la hebilla plateada, según me cuenta José Suárez Peña. Me relata que no se conocía pertenencia de gitanos, ni participación en la Junta de Gobierno de las Hermandades de estos barrios. José, gitano cabal, medalla de oro al mérito en el trabajo, también me cuenta que gitanos de El Puerto venían a acompañar a Jesús Nazareno, que es otra de las imágenes de devoción gitana.
Así que de antiguo tenemos a La Piedad al final de la calle La Sangre y a Jesús Nazareno en la frontera exterior de la Por-vera de la muralla, como imágenes de referencia gitana del barrio de Santiago.
Pedro Domecq fue hermano mayor del Prendimiento y llevó los pasos a través de las calles santiagueras en donde las personas mayores le cantaban y le bailaban como expresión de fe cercana, y para alegrar los padecimientos de Jesús prendido y abandonado por sus amigos en el huerto de los olivos. Los gitanos lo aceptaron y le llamaron "Prendi".
Hasta 1981 no hay un hermano mayor de etnia gitana en El Prendimiento y fué Antonio Soto Peña, conocedor de su barrio, gitano emancipado, al que desde aquí le deseo una pronta recuperación de su baja laboral motivada por su trabajo en Onda Jerez TV, fue hermano mayor, y es poseedor de muchas historias vividas, de una larga familia de artistas de cantaores y jinetes.
El actual hermano mayor de la hermandad del Prendimiento es Antonio Medrano Pantoja, gitano devoto que intenta conducir la hermandad a metas más comprometidas con su gente y su barrio. Actualmente los gitanos son hermanos de esta hermandad al cincuenta por ciento.
Los gitanos de San Miguel, La Plazuela, tienen dos ermitas: La Yedra y San Telmo, y hacia allí dirigen sus devociones. El Cristo de la Expiración, llamado el de los gitanos, el "Tagarninero", también de la zona de "El Campillo", nunca ha tenido hermano mayor gitano, a pesar del sobrenombre, aunque de la familia de los Méndez, me dicen que su padre, Antonio Méndez Heredia, "El Rubio", tuvo una responsabilidad importante en el hermandad. En la Yedra tampoco se conocen gitanos que hayan tenido responsabilidad en el gobierno de la cofradía.
Los gitanos, como los "gatchés", se organizan en sus barrios alrededor de las imágenes a las que les cuentan las penas y las tristezas. En Jerez, hermandades gitanas hay mas que una.
Fuente:
Diario de Jerez