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martes, 03 de abril de 2007
Publicado por Tiniebla @ 11:33 | Opinión
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Cuando apenas levantaba un metro del suelo (no es que ahora haya cambiado mucho la cosa) una prima mía tenía un juego que se llamaba La Ratonera, y que consistía en un complicado montaje de piececitas de plástico de colores que te llevabas dos horas colocando para que se desplomara en una sola jugada. Para los ratoncitos, que éramos los jugadores, era supercomplicado llegar a la meta sin quedarse atrapados en alguna trampa, con trocito de queso incluido. Y ustedes me dirán, ¿a qué viene todo esto? Nada más que hay que pensar que la meta de la ratoncita (o sea, yo) es la oficina de la calle Porvera y las trampas son los palcos de la Carrera Oficial que han crecido como champiñones.

Los que trabajamos toda la Semana Santa por las tardes tenemos que completar una etapa del Rally París Dakar para conseguir unos metros cuadrados donde dejar el coche. Y me dirán: «Pues no te lleves el coche y mueve el esqueleto que falta te hace». Y yo contesto: «Pues a ver cómo vuelvo sola a mi casa por la noche y el que haya pensado eso que me recoja todos los días».

Pero el problema no lo tenemos sólo los que vamos a cuatro ruedas sino también los que utilizan un humilde ciclomotor. Mi sufrida compi Violeta, cual hormiga atómica con su casco pero a poca velocidad, tardó ayer hasta 35 minutos en encontrar un sitillo y además (sshhhsss, que no se entere nadie) pero la aparcó donde no se debía con la desesperación de llegar tarde al curro.

Sé que dura sólo una semana (aunque las trampas llevan más tiempo col

VIRGINIA MONTERO
vmontero@lavozdigital.es
Fuente: La Voz Digital

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