Un Miércoles Santo en San Lucas es como retrotraerse en el tiempo. Y es que, las estampas que se viven cada año a la salida de esta señera Cofradía seguro que no varían mucho con respecto a las de hace 30 años. Hermandad austera, severa, de altos capirotes negros y cinturón de esparto. Un gentío enorme aguarda la salida de esta corporación, sobre todo al señor caído. Cientos de devotas y devotos se van colocando estratégicamente alrededor de la Plaza de San Lucas para ser los primeros en colocarse detrás del misterio.
A las seis se abren las puertas de la histórica iglesia de San Lucas, una de las muchas fundadas por Alfonso X el Sabio durante la reconquista de Jerez. Abriendo el cortejo, la impresionante Cruz de Guía plateada realizada por Manuel Villarreal y detrás, el ascético cortejo del misterio. Minutos después, suena el martillo en el interior de San Lucas. Rafael González Cazalla llama a sus hombres. La salida del Cristo, al igual que el de la Señora de los Dolores es complicada debido a las medidas de la puerta de salida. Con los dos hachones en el dintel de la puerta, suena la orden de los dos costeros a tierra por igual. El paso se viene abajo y, tras el duro esfuerzo costalero, Nuestro Padre Jesús de la Salud sale poco a poco para encontrarse un año más en las calles de Jerez.
La talla del Cristo es una de las más impactantes de nuestra ciudad. Fue tallado en 1940 por Ramón Chaveli, que consiguió transmitirle a la imagen un gran sentimiento emocional. El Cristo, rodilla en tierra, sostiene con su mano izquierda la cruz, mientras que la derecha permanece en tierra. Esta mano, la derecha, es copia de la del profesor José Moreno Alonso, uno de los hermanos fundadores de la Cofradía, que ayer vería como nunca a su Cristo caído desde los palcos del cielo.
Delante del paso, la escolanía de niños interpretando el Miserere en latín provoca en los presentes un hondo sentimiento de respeto.
El paso del Cristo, magnífico. Obra del portuense José Ovando Merino en madera de Ukola, tiene cresterias y cartelas de plata y, en cada esquina, un águila bicéfala. En cuanto al exorno floral, se repitió el tradicional monte de claveles rojos.
Detrás, y tras un buen número de nazarenos -unos 300 acompañaron ayer a sus sagrados titulares-, los ciriales señalan que el palio de María Santísima de los Dolores se dispone a cruzar el dintel de la puerta de San Lucas. Si difícil era la salida del misterio por la pequeña puerta del templo, más lo es para el palio. De nuevo, los dos costeros a tierra. La banda sonora en estos momentos es el rachear costalero y el sonido de los varales del palio. Tomás Sampaio dirige a sus hombres en esta complicada maniobra que acaba en buen término y con el agradecido aplauso del público.
El palio de Nuestra Señora de los Dolores es otra de las joyas de la Semana Santa de Jerez. Los bordados del palio fueron realizados por las religiosas del convento de Santa Isabel, de Sevilla, destacando sobremanera el espectacular techo del mismo. El manto, de terciopelo negro bordado, fue también realizado en este convento sevillano. Pero, la verdadera joya del palio es la Santísima Virgen. Del siglo XVII, muchos son los que la atribuyen al circulo de Montañés. Ayer lucía con otros aires, gracias al trabajo de su nuevo vestidor, José Carlos Gutiérrez. En cuanto al exorno floral, la Hermandad decidió sustituir el tradicional clavel blanco por calas y flor de cera.
De nuevo, se pudo disfrutar a esta señera cofradía por las calles aledañas a su sede canónica, esto es, Curtidores, Plaza Peones, Carpinteria Baja y Carmen. También impresionante el paso del Señor por la Alameda Cristina, donde se pudo comprobar en toda su magnitud la impresionante marea humana a sus espaldas.
Tras su salida de la Catedral, un pequeño paseo hasta San Lucas, donde la Hermandad se recogía a las once y veinte de la noche.
Fuente:
La Voz Digital