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jueves, 05 de abril de 2007
Publicado por Tiniebla @ 14:17 | Opinión
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NO me considero el más indicado para hacer de cicerone, y menos en Semana Santa, pero aquel año me tocó. Eduardo me telefoneó un jueves santo muy de mañana. Como quien no lleva cinco o seis años sin dar señales de vida, me preguntó qué tal si quedábamos en la "Viña T" (sí, el bar aquel de la calle Tornería.) Para tomar algo y ya de paso para presentarme a su novia.

Quizás porque a ciertas horas no está uno para discutir, el plan me pareció perfecto, salvo en el detalle de citarnos en un bar que ya por entonces llevaba años cerrado. Pero es comprensible: alguien que, como mi amigo Eduardo, había pasado los cinco últimos años estudiando en los Estados Unidos de América, no tenía por qué estar al corriente de las reformas urbanísticas emprendidas en Jerez. Así que no dije esta boca es mía.

Como la puntualidad nunca fue su fuerte, me quedé plantado cerca de una hora, pero al fin llegaron los dos cogidos de la mano. Eduardo apenas había cambiado. No así su novia, que había pasado de ser una chica del montón, creo que del bachillerato de Letras, a ser una negraza que quitaba el hipo.

-Te presento a Chantal. Es de Louisiana.

Para evitar las descripciones (que generalmente despistan más que aclaran) me limitaré a decir que Naomi Campbell pasaría por ser la hermana fea de Chantal. Resumiendo, un cañón.

No sé qué hechura de consejos le daría Eduardo acerca de la indumentaria más apropiada para salir en Jerez la tarde de un jueves santo, pero el caso es que Chantal se presentó con una cazadora de cuero rojo, una camiseta de Mickey Mousse (tan ajustada que añadía al célebre ratón unos volúmenes poco aptos para el público infantil), unas botas blancas que me obligaron a empinarme para los dos besos de saludo y un bolso imitando la piel de una cebra que, si iba a juego con algo, debía ser con alguna prenda que no estaba a la vista. Cierto es que también se podía haber puesto un frutero en la cabeza (a lo Carmen Miranda.) Sin embargo, no lo llevaba. Y no es que le sentaran mal esas pintas, qué va, pero hay que reconocer que semejante atuendo, añadido al exotismo natural de la chica, hacía que, entre tantas señoras de mantilla, Chantal llamara la atención tanto como si hubiera salido a cantar saetas con un disfraz de Vampirella.

Ya que la fecha lo exigía, traté de explicar a Chantal algunos conceptos básicos para entender nuestra Semana Santa. Con las dificultades lógicas que comporta trasladar al idioma de Shakespeare términos como chicotá o trabajadera, le fui traduciendo, ayudado por una gesticulación aparatosa, que Our Lady of Love and Sacrifice (es decir, Nuestra Señora del Amor y Sacrificio) es una Hermandad de silencio que sale los lunes, que la recogida del Blessed Christ of the Good Death es digna de ver... y varias perlas más.

Y ahora viene lo gordo. Como se la veía con ganas de ver por sus propios ojos lo que ya le habíamos contado, y a dos pasos que estábamos de la carrera oficial, hacia allá que nos encaminamos para que disfrutara en vivo de los misterios de la penitencia. Conforme nos fuimos arrimando al fragor de los tambores, fue ella palideciendo y -por raro que suene, teniendo en cuenta su color natural- acabó Chantal con la cara blanca de puro susto. En cuanto avistó la fila de capirotes bajando hacia la Catedral perdió el habla. Y por más que insistimos, no hubo manera de meterle en la cabeza que aquello no tenía nada que ver con el Ku Klux Klan. Haciendo pucheros, se dio media vuelta y se perdió calle Francos arriba.

No sé qué habrá sido de ella, pero la experiencia no se ha vuelto a repetir, pues desde entonces ya me cuido yo de enseñar, según a quién, nuestras soberbias procesiones.

TRIBUNA por Fernando Taboada

Fuente: Diario de Jerez

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