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sábado, 07 de abril de 2007
Publicado por Tiniebla @ 17:27 | Opinión
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EN una Semana Santa que entre todos nos hemos encargado de trivializar hasta el infinito, perdiendo el tiempo hablando de cambios en la Carrera Oficial y otros menesteres más políticos y politizables que cofradieros, me quiero tomar el atrevimiento de escribir unas líneas sensibles, con cariño y si me permiten hasta llenas de nostalgia.

Porque ayer no fue un Jueves Santo cualquiera. Al menos para un grupo de cofrades que al llegar la tarde volvieron a recoger como cada año su molía y su faja de su cuarto para encaminarse, como lo hacen desde hace diez años, hacia el histórico templo de San Juan de los Caballeros. Esta pandilla de sacapasos, comenzarán su itinerario habitual del día del amor fraterno con la mirada buscando aquel inconfundible campanario, con la alegría de siempre y el olor a despedida anunciada que muchos de ellos empiezan a tener asumida desde hace ya algunas semanas. No es un secreto que de manera prácticamente inevitable serán otras las voces que manden y otros los cuerpos que suden el próximo año debajo de los pasos de la hermandad de la Vera-Cruz. Y es ahora cuando esos diez años, como por obra de un milagro, son capaces de comprimirse en mi mente uniendo miles de momentos, de imágenes y de sensaciones.

Recuerdo aquel café en el Bar Cristina cuando por primera vez pude vestir un terno negro. Y como poco a poco fuimos llegando a San Juan con los nervios y la ilusión dándose la mano debajo de nuestra piel. Y recuerdo la cara de aquellos costaleros que quisieron participar de aquella aventura que al final resultó ser una demostración de un paso de misterio con paso largo y racheao y un palio trabajando marchas fúnebres desde la entrada a la salida. Ésas que otros no quieren porque dicen que hunden a las cuadrillas.

El caso es que el tiempo pasa de manera inexorable. Para lo bueno y también para lo malo. Nos guardamos aquellos días de ensayos ingratos, de pruebas por Chancillería para demostrar que podíamos hacer posible lo imposible, de iglesias vacías y de llegar a casa para darnos cuentas de que aquella cuarta trabajadera estaba más baja que la quinta y que la sexta… Cosas que pasan. A cambio nos llevamos diez años de disfrute en lo cofradiero y de vivencias inolvidables para muchos de nosotros, en la mayoría de los casos, por ser a la vez las primeras en muchos sentidos. Y nos llevamos además lo que el corazón de cada uno guarde para sí mismo. Nos llevamos la amistad de algunos de los que nos dieron la bienvenida en aquella hermandad en la que conocíamos a tan poca gente. Josema, Borja, Darío, Alfonso, Quico, Luis, y otros muchos, fueron nuestros cicerones y hoy son, en muchos casos algo más que nuestros amigos. Nos llevamos aquellas interminables chicotás en el paso de palio cuando fuimos capaces de demostrarle a Jerez que un palio puede andar largo sin descomponerse. Nos llevamos los sones de una banda desconocida que suena como los ángeles. Alguien la definió así: "No se puede hacer más música con menos gente". Nos llevamos el trabajo de un fiscal capaz de llevarse bien con el capataz y su gente y tener la habilidad de recortar cada año la hora de recogida. Nos llevamos la luz de la candelería iluminando las miradas de aquellos costaleros de Miércoles Santo que a los sones de Desamparo vieron entrar en San Juan a una Virgen a la que no supieron qué nombre dar. Y nos llevamos las lágrimas de hombres como castillos cuando oyeron la voz entrecortada de su capataz, contándoles que este año, ese sueño del que se habían adueñado sencillamente no sería posible.

Si anoche tuvieron el gusto de ir a ver recogerse la hermandad de la Vera-Cruz, quizás notaron en el aire un leve sabor a despedida. Puede que bajo esas trabajaderas algunos de aquellos sacapasos derramen en esos momentos alguna lágrima, como siempre, mal valorada. No os avergoncéis de derramarla. Estoy seguro de que Jesús y María algún día os la premiarán. Un abrazo a todos, hermanos.

por Angel Rodríguez Aguilocho
Fuente: Diario de Jerez

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