Qué distintas y qué sublimes pueden ser las cosas cuando prescinden de todo lo supérfluo. Madrugada del Sábado Santo de 2007. 3,30 horas. Asciende lentamente bajo los árboles de la calle Taxdirt impresionante y solemne la urna del Santo Entierro en un silencio sólo roto por las cajas destempladas. Detrás, la Piedad arropada sólo por su duelo, la mano de San Juan ciñendo la cintura de la Madre, saetas de profundísima verdad para Ella, sin aspavientos, sin cámaras, sin luces. Un capataz callado dirige a costaleros sin presunción por serlo, humildes, cansados y orgullosos. Cuánta belleza para tan pocos. Qué sola, qué solemne, qué verdad.
Pedro Antonio Oteo Barranco (Jerez)
Fuente:
Diario de Jerez