José Blas Moreno. Jerez
Por su nombre, Javier García Salado, son pocos los que le conocen. Pero si decimos El Poema, estamos ante un auténtico personaje de la ciudad. Conocido hostelero, xerecista, paulista y, por encima de todo, amargurista, conversar con él y escuchar alguna de sus inigualables frases es un placer. Durante estos días, Poema pasa muchas horas entre las casetas de la Amargura y la de Vicente Blanco, que gestiona con su buen hacer habitual y con su característica simpatía.
– ¿Cuántos años trabajando la Feria?
–Si no me equivoco, con este año son ya nueve trabajando la caseta de la Hermandad de la Amargura, (entre risas), empecé con las pesetas.
–¿Ha cambiado la Feria con respecto a la de hace años?
–Hemos ganado desde el punto de vista gastronómico. Las cocinas están en la propia caseta, y Sanidad está muy pendiente de la higiene durante toda la Feria, algo que es positivo para el desarrollo de una feria sin incidentes, aunque quizás se debería mostrar más flexibilidad a la hora de permitir el acceso de los proveedores por la mañana. En definitiva, ha ganado la Feria de día, pero estamos perdiendo la noche por culpa de los dichosos botellones.
–¿Cómo pasa la familia el trago de no verte en toda la Feria?
–Quizás yo lo llevo peor que ellos, porque de vez en cuando me hacen una visita, pero como no paso ni siquiera por mi casa a dormir, porque lo hago en la de mi madre, que vive al lado de la Feria, echo mucho de menos a mi hijo, porque es más de una semana sin disfrutar de él.
–Los Miércoles Santo, cuando la Amargura se está recogiendo, dices siempre, “Ya huele a Feria”. ¿Qué te gusta más, la Semana Santa o la Feria?
–Como la Semana Santa no hay nada. Disfrutar bajo la Madre de Dios es algo que muy pocos pueden sentir.
–¿Por qué crees que cada vez son menos las casetas de hermandades que son trabajadas por los propios hermanos?
–Los cofrades nos estamos volviendo cada vez más cómodos. Además, el nivel de exigencia del usuario de una caseta hoy en día no es comparable al de unos años atrás. Es mejor contar con profesionales capaces de sacar adelante un trabajo como el que se realiza durante estos días.
–¿Qué es más duro, un año de muchos kilos y de leña bajo las trabajaderas de la Amargura, o un día de trabajo en la Feria?
–Sin duda un día de Feria. Un Miércoles Santo con mucha leña es un placer. En la caseta no tengo a mi gente junto a mí. Además, cuantos más kilos caen, más Amargura llevo. Poder estar bajo la Madre de Dios hace que ese sea el día más grande del año.
Las hermandades en la Feria del Caballo
J. B. M. Jerez
Casi todas las hermandades de la ciudad montan caseta en la Feria. Del resultado de la cesión a hosteleros o empresas de catering, dependerá en gran medida el desarrollo de la vida de la cofradía durante todo el año, porque la mayoría de los presupuestos se basan en los ingresos de la Feria. Ha cambiado el estilo a la hora de trabajarlas.
Ya no lo hacen los hermanos salvo en dos o tres casos, que son las que realmente se benefician de las ganancias de toda una semana de esfuerzo. Lo que no cambia son los nombres que reciben algunos platos que se pueden degustar en ellas. El típico serranito formado por el filete, el tomate y el jamón adquiere nombres tan dispares como el mítico chispazo, el puñalito o cualquier término relacionado con la cofradía.
En estos recintos, que suelen imitar algún detalle de la iglesia de la que se sale o de la propia casa de hermandad, es donde el cofrade apura las conversaciones pendientes desde la pasada Semana Santa y los “jartibles” incluso imitan alguna chicotá por el albero del Real. Sin duda este año entre copa y copa, hablarán, cómo no, de futuras coronaciones canónicas en la ciudad. No lo duden, visiten una caseta de una hermandad. La tertulia está garantizada.
Fuente:
VivaJerez