Centenares de personas se acercan a San Francisco todos los miércoles a pedir un favor cuando acaba la compra en la plaza
Estar un miércoles por la mañana en San Francisco es contemplar todo un río de gente con favores en los bolsillos que corren por el cancel de la iglesia. Traspasa por la puerta la devoción y las peticiones surgidas, otorgadas o en estado sub iudice. Entran señoras que vienen de hacer sus compras en la plaza de Abastos. Un kilo de pescado, un cuarto de mortadela y unas acelgas para hacerlas con garbanzos. Las últimas monedas que quedan van destinadas al cepillo de San Judas Tadeo, que dicen que es un santo que otorga los favores difíciles.
«Le tengo mucha fe. Cuando viene algún problema a la casa, ya estoy aquí para contárselo a él, que es el que me entiende», comenta doña Luisa. Al igual que Rosario, entra en San Francisco desde hace años. «La vida está muy difícil, hijo. Aquí se viene a pedir sobre todo salud para los hijos. Y de camino, trabajo para los nuestros, para que no falte de nada en la nevera», comenta Rosario, que viene cogida del brazo de su amiga. Entran, rezan y se van.
Las comunicación con la Providencia es continua en este tipo de religiosidad natural tan intrínsecamente imbuida en nuestra cultura. Supongo que también habrá devotos que vengan a dar gracias por favores conseguidos a través de San Judas Tadeo, San Antonio, San Francisco o Nuestro Padre Jesús de la Vía-Crucis, titular de la hermandad de las Cinco Llagas que tiene sede en el convento de San Francisco y al que se puede encontrar en la histórica capilla del Voto.
Francisco Bernal es un hermano de la cofradía que todas las mañanas está en San Francisco ayudando a lo que haga falta. En su bolsillo no falta nunca una estampa del nazareno de la Vía-Crucis o del propio San Judas. Muchas son las mujeres que se le acercan para pedirle la estampa del santo. «Esto es impresionante -comenta Bernal-. Son miles de personas las que pasan por aquí durante la semana. Cada uno viene a sus cosas, y sabe Dios los milagros que se habrán otorgados en estas paredes».
Últimamente, también frecuentan la iglesia conventual de San Francisco muchos inmigrantes sudamericanos que han venido a Jerez a buscar un futuro más próspero. Educados en la misma cultura nuestra, encuentran en este lugar su sitio de oración y recogimiento. «Es cierto que cada vez viene más gente de países sudamericanos. Lógicamente, ellos también tienen necesidades que pedir», comenta Francisco Bernal.
En cuanto a la asistencia de fieles, es tajante: «Los miércoles son muchas más personas las que vienen. Es más, yo creo que muchas mujeres preparan la compra de la plaza este día para venir después a la iglesia, porque no sólo acude gente del centro, sino que muchos vienen del extrarradio de la ciudad».
Los autobuses urbanos vienen cargados de gente que acude al centro y después se da su vueltecita a ver de qué humor está San Judas Tadeo. Así transcurre una mañana de miércoles en San Francisco. Contemplando cómo entran y salen las miles de intenciones pedidas. La virgen de la Esperanza de la cofradía de las Llagas, que está al fondo, observa a los muchos devotos que tocan su manto. El nazareno de la Vía-Crucis siente en sus pies los cientos de besos de los devotos. El altar de San Judas es un continuo trasiego de personas que ponen flores y encienden pequeños velones rojos. La réplica de la virgen de Regla, tan franciscana ella, también atiende a los suyos, San Antonio lleva bastantes meses sin que nadie le quite al niño Jesús y San Francisco, el pobre de Asís, casto y obediente, contempla con esa humildad seráfica a cuantos se le acercan a mirarle los ojos.
En la plaza de Abastos, los comerciantes se afanan en sus productos consumibles y caducos. En San Francisco, en cambio, se sirve otro tipo de mercancía más valiosa: milagros y peticiones que se cumplen y que marcan toda una vida.
Fuente:
La Voz Digital