El domingo en el Rocío es la antesala de lo que hoy sucede con la salida de la Señora. Es el día de la eucaristía, del rezo, de la visita a la Virgen, a las casas de los amigos y sobre todo de la espera. La impaciencia por verla en la calle a hombros de los almonteños.
También empieza a percibirse el final de la romería. Las horas están contadas y sólo Ella es la verdadera protagonista de la culminación del Rocío. En las vísperas de la fiesta litúrgica del Rocío. Pero para Jerez el domingo tuvo un sabor especial. La música" de la misa de pontifical del Real la pusieron las voces del coro jerezano con el compás único de nuestra tierra; por sevillanas; por bulerías, plegarias y cantos a la Virgen que adornaron magníficamente la celebración eucarística más importante de la romería que fue oficiada por el nuevo obispo de Huelva, José Vilaplana, que está viviendo su primer Rocío.
Junto a él, todos los capellanes de las hermandades filiales. El papel desempeñado por el coro jerezano con Lupi al frente y con las inconfundibles voces de Josemari, el inolvidable pregonero del pasado año, Carmen Bernal y las de la treintena de componentes que supieron elevar a oraciones las sevillanas rocieras de siempre de Jerez, otras nuevas creadas para tan singular ocasión y siempre presente el componente jerezano, ese compás inconfundible que sublimó a la gente de Almonte que quisieron dar ese privilegio al coro precisamente en la celebración central de la romería en una mañana en la que afortunadamente la lluvia dio un tregua para dar paso a un tiempo más estable, algo fresco y con el sol iluminando el Real, espacio donde tuvo lugar la pontifical junto al monumento a la Señora creado por José Ordóñez para conmemorar la coronación canónica de la Virgen a principios del siglo pasado.
El coro respondió a todas las expectativas y no defraudó en el pellizco que solo Jerez sabe sacar a las letras que hablan de la Blanca Paloma especialmente cuando en la comunión sacaron el Jerez de verdad para cantar la plegaria por bulerías con la dificultad de ser interpretadas a coro. Arte y compás con mayúsculas rematado al final y tras la bendición del obispo con la Salve de Antonio Gallardo.
Ese no fue el único escenario donde Jerez llamó la atención. Como es tradicional, poco antes de la una de la tarde la normalidad de la calle Almonte se rompía porque el Simpecado de Jerez salía a manos del secretario. Camino de la basílica, rodeada de rocieros con cordones morados y sorteando la multitud, la enseña inmaculista jerezana se situó muy cerca de Ella -ya en su paso de salida- para dar comienzo a la misa de Jerez, un privilegio que tiene la hermandad jerezana desde sus inicios cuando sólo algunas tenían el honor de poder celebrar una misa propia, con su capellán y para su gente.
El director espiritual, Martín Alexis González, ofreció una homilía muy entonada en su forma de exaltar las verdades del Rocío, una defensa de la pureza de la fe que llegó a los centenares de rocieros que abarrotaron la iglesia. El sacerdote llegó incluso a besar los pies de una peregrina descalza aludiendo con este gesto a que Jesucristo haría lo mismo. El altar estaba adornado con flores multicolores pero que causalidad que el morado sobresalía, el color de Jerez; el de la hermandad que celebra 75 años de vocación rociera. Tras retornar el Simpecado a la carreta, la jornada siguiendo en la tarde a la espera de la noche de oración con el rosario de las hermandades y después, el rito de la salida y la procesión de la Virgen.
AL COMPÁS DE JEREZ. El coro de la hermandad cantó la pontifical que ofició el obispo de Huelva, la celebración litúrgica más importante de la romería.
Fuente:
Diario de Jerez