Juan del Río Martín
Obispado de Asidonia - Jerez
En fechas recientes, Benedicto XVI ha ofrecido a la Iglesia su exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, –el Sacramento de la Caridad–. En ella, la profundidad de los conceptos teológicos y la fina argumentación se vierten en un lenguaje asequible y una clara concatenación del pensamiento. No puedo dejar de recomendar su lectura en esta fecha tan señalada del Corpus Christi.
Afirma el Papa que la Eucaristía es un misterio que se ha de Creer, Celebrar y Vivir, para que sea rectamente comprendida y alcance su plena eficacia salvadora. En la parte tercera, “Eucaristía: misterio que se ha de vivir”, afirma con toda claridad el compromiso personal y las repercusiones sociales que el sacramento necesariamente ha de tener para cada cristiano y en la propia vida de la Iglesia.
En el don de la Eucaristía se actualiza la entrega de Cristo por todos y cada uno de nosotros, y esta salvación que Dios ofrece no excluye, sino que tiene en cuenta de manera especial, a los pecadores y a los pobres. De este modo, dice el Santo Padre, que el encuentro íntimo con Dios no puede separarse del amor a los hermanos: “Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo...”(SC 88).
Por tanto, la participación en la Eucaristía lleva inherente un ineludible compromiso de vida en primera persona: “Al mismo tiempo, en la Eucaristía, Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana... por eso la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse pan partido para los demás...” (SC 88).
Pero el testimonio individual debe tomar cuerpo y forma en todas nuestras comunidades cristianas. En nuestra Iglesia española tenemos la institución de Cáritas que es el rostro samaritano de la Iglesia y que como ha afirmado el Papa “desarrolla el precioso servicio de ayudar a las personas necesitadas, sobre todo a los más pobres” (SC 90). Por ello, aunque los caminos para ayudar a los más desfavorecidos pueden ser muchos, sin embargo para un católico el vehículo privilegiado para expresar su amor a los pobres es colaborar activamente con Cáritas. De ahí, que en nuestra Diócesis no debería haber ninguna parroquia sin Cáritas, porque va en detrimento no sólo de la comunión eclesial sino también de la operatividad que los cristianos tenemos que mostrar en la transformación social y personal de nuestra gente.
Y no olvidemos muchos datos que pudiéramos dar sobre la labor de Cáritas, como este: de cada euro invertido sólo 8 céntimos se destinan a gastos de administración. Cáritas es una garantía de que el dinero va siempre a los más pobres.
Por eso mismo, en la solemnidad del Corpus Christi, Día de la Caridad, no bastan proclamas sobre los excluidos del mundo, el problema de la pobreza no se soluciona sólo con hablar de derechos humanos sino como dice el lema de esta campaña: “los derechos humanos son universales, las oportunidades deberían serlo”. Para que esto no sea sólo una frase más, necesitamos tu generosa colaboración económica a través del incremento de cuotas y donativos. Como el valioso trabajo del voluntariado que junto con los profesionales que trabajan en Cáritas hace posible que las oportunidades se multipliquen a favor de los más pobres y menesterosos de la sociedad.