No lució el domingo con el esplendor que hubieran aconsejado las dos procesiones que iban a tener lugar durante la jornada. Despertó la mañana nublada, y se perdió la tarde de la misma manera. No fue lo único que no cambió en el día, ya que la banda de Nuestra Señora de las Angustias hizo ayer doblete, y acompañó a Nuestra Señora de los Reyes durante la mañana en el Corpus de Minerva y a Nuestra Señora del Sagrado Corazón por la tarde hasta Monte Alto, y en ambas ocasiones, con una solvencia y altura musical más que reseñable.
A las nueve en punto de la mañana comenzó la solemne Eucaristía en la parroquia de San Miguel, y una hora y veinte minutos después se puso la Cruz de Guía en el dintel de la puerta de la iglesia jerezana. Nubarrones amenazaban con agua, pero la hermandad sacramental se decidió a echarse a la calle y llenó de colorido las adornadas casapuertas de los vecinos que horas antes se habían esmerado engalanando con alfombras de colores las calles por donde debía pasar el Santísimo.
No olvidará seguro la mañana una anciana impedida en silla de ruedas, a quien con buen criterio se le paró y giró el paso en la calle Berrocalas, ni los vecinos de la calle Santa Clara, por donde pasó la patrona de la archidiócesis de Sevilla a los sones de Azul y Plata de Marvizón o Arroró Reina de San Román.
Mientras, la fantástica Custodia de Juan Laureano de Pina se llenaba de sentido con la Sagrada Forma que Angel Romero depositó en ella, y salía a las calles de la ciudad con toda la gala y la solemnidad que la parroquia de San Miguel sabe imprimir a sus actos. Más de hora y media de procesión, con una petalá tanto a la Señora de los Reyes como al Santísimo desde la Casa de Hermandad en la calle San Miguel, y un nutrido cortejo de hermanos muy arropados, como es la tónica de esta cofradía gracias al buen hacer del diputado mayor de gobierno.
Valentía de Monte Alto
Pero no fue la Minerva lo único destacado del día. Con mucha valentía, las hermanas de Monte Alto decidieron salir por la tarde de la Santa Iglesia Catedral hasta su sede de nuevo, pese a que el cielo lucía completamente encapotado cuando la cofradía avanzaba por la calle Cruces, apenas media hora después de realizar su salida. Ya en la ida a la Catedral, a la que fueron ya que participaron en la procesión del Corpus Christi, tomaron la decisión de salir y tuvieron que soportar una intensa mojá, pero pese al riesgo de lluvia, el paso de la cofradía por las estrechas calles del centro dejó momentos para el recuerdo. El público, aunque no en demasiada cantidad, acompañó.
Fuente:
La Voz Digital