Si una de las principales preocupaciones de la Iglesia es la falta de vocaciones, la búsqueda de nuevas fuentes de ingreso en los seminarios se ha convertido en una acción prioritaria. En el caso de la diócesis jerezana parece que esa "cantera" tiene un esperanzador futuro si se tiene en cuenta la participación de jóvenes en el reciente encuentro-jornadas que se han organizado para indagar hasta dónde llegan las inquietudes vocacionales de chavales que a diario pisan los templos parroquiales para ayudar a presbíteros de Bornos, Arcos de la Frontera de las parroquias de María Auxiliadora y de San Francisco; Benaocaz; Villamartín; El Puerto de Santa María de las parroquias de la Prioral, de la Palma y de San Marcos y Nuestra Señora del Carmen. Fueron una veintena de monaguillos los que se reunieron durante cinco días en un entorno privilegiado y exclusivo para la meditación, La Cartuja. En la quietud y belleza de los viejos muros y patios del monasterio, el grupo participó en diversas actividades entre las que destacó una reunión con las Hermanas de Belén, actuales moradoras de La Cartuja, calificado en una nota de prensa del obispado como encuentros de "profundización, reflexión y diálogos fecundos". Lo cierto es que la iniciativa, que viene celebrándose desde hace dieciocho años, no ha caído en saco roto porque la mayoría de la veintena de participantes, todos entre los catorce y los diecisiete años de edad, decidieron inscribirse en el denominado pre-seminario para seguir analizando "su inquietud vocacional". La dirección de las jornadas fue responsabilidad del rector del Seminario, el sacerdote Ignacio Gaztelu, y del delegado episcopal para la Pastoral Vocacional, el también presbítero Manuel Gómez-Tavira, junto con algunos seminaristas que también aportaron su experiencia. Y para poner el epílogo justo y necesario, lo que da muestra de la importancia con la que se asumen las inquietudes vocacionales, el obispo diocesano fue el encargado de cerrar la reunión con su presencia y sus palabras. Este acto de convivencia ha experimentado una variación en los últimos años. Lo que nació como un símil de fin de curso para los monaguillos ha derivado en un "campamento" en el que sus protagonistas no dejan de lado como proyecto de futuro el sacerdocio. No obstante, el camino es largo y complicado. Como reconocen quienes han pasado por el seminario hasta llegar al presbiteriado, las exigencias y el sacrificio personal es una de las pruebas más difíciles de superar sobre todo teniendo en cuenta un factor importante, la juventud. El ciclo formativo obliga a muchas renuncias en una etapa de la vida sumamente complicada en la que las decisiones de futuro se sostienen en pilares a veces bastante débiles. Así, las bajas en el camino están a la orden del día lo que en cierto modo no es más que la confirmación o no de la fortaleza y la solidez de la vocación. Es decir, confirmar que la decisión no es fruto de unos días de verano. En cualquier caso, la experiencia de vivir bajo las bóvedas de La Cartuja bien merecieron un primer intento vocacional.
Fuente:
Diario de Jerez