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jueves, 27 de septiembre de 2007
Publicado por Tiniebla @ 0:00 | Iglesia
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Monseñor Del Río predicó la homilía de la Pontifical de la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced

La homilía de monseñor Juan del Río Martín, el obispo diocesano, en la Pontifical de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora de la Merced celebrada esta mañana comenzó recordando a los fieles que llenaban la Basílica que, en pleno septiembre vendimiero, “somos podados por el sufrimiento y el dolor, toda conquista noble exige el esfuerzo y la renunica a sí mismo”. Así, y tras la renovación del Voto de la Ciudad, pronunciado por la alcaldesa al ofertorio, el prelado asintió los términos del agradecimiento de Pilar Sánchez en el sentido de que “se han superado grandes lacras pero comparto -dijo- estos grandes deseos expresados por la alcaldesa”.

Sánchez había puesto a las plantas de la Patrona, sólo un instante antes, sus peticiones de empleo, diálogo social, riqueza bien distribuida, atención a los más vulnerables, erradicación de la violencia, por los jóvenes, por el consuelo para los que padecen sufrimientos, por los niños, por el respeto a las diferentes razas, culturas, credos o condiciones físicas o psíquicas o, ya al final de su intervención, por los políticos. Tras ello, abordaría el pastor una predicación que afirmaría con rotundidad que “La Merced no ha bajado en número de hijos suyos, como quieren hacer ver aquellos obsesionados con que la religión está a punto de caducar”. Añadió que “los mercedarios saben cuántas lágrimas hay aquí derramadas, muchos corazones jerezanos saben del auxilio de Aquella que es orgullo de nuestra raza y alegría de Jerez”.

Del Río habló del “diálogo amoroso de Dios con la Humanidad” y aclaró que “el Cristianismo es la religión del diálogo, pese a que las fuerzas laicistas quieren oscurecer el papel del Cristianismo”. Así, refirió, por ejemplo, que la Declaración Universal de los Derechos Humanos no existiría sin la aportación judeo-cristiana y que “la lucha unidos, tanto las fuerzas civiles como las religiosas, contra todo ataque a la dignidad de la persona no habría llegado jamás sin la aportación de Cristo” que, precisó, “no pertenece a Occidente” y libera de todos los cuativerios del mundo, subrayó enfatizando el especial carisma mercedario. Por ello recordó la droga u otras formas actuales de destrucción de la persona y sentenció que “la fe libera, nunca viene en detrimento de la sociedad, Jesucristo no quita nada sino que lo da todo”.

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